miércoles, 9 de mayo de 2018

La identidad, qué es y qué significa

A menudo el cambio es difícil porque las personas se aferran a su situación pensando inocentemente que su situación está asociada a su identidad. Me explico.
Con la crisis, muchas personas han visto reducida su calidad de vida, sus ingresos, sus viajes, gastos, vacaciones... Esto lo viven de forma dramática, como una pérdida de identidad.
En general, las personas asociamos nuestra identidad con lo que tenemos y nos sentimos desorientados, como sin rumbo, cuando lo perdemos. Ocurre con el recién divorciado que le cuesta asumir que es un single, y que ya no tiene esa identidad de padre de familia, ocurre con el que pierde su trabajo, que se queda vagabundeando en el limbo hasta que consigue otro, ocurre con el viudo o la viuda que les cuesta, de nuevo, asumir su nuevo rol.
Ocurre mucho con los políticos, que no solo asocian su identidad con su puesto de trabajo, sino con su ideología. Así hay personas nacionalistas, del PP, del PSOE, de Podemos... También el ciudadano normal, en general, confunde su identidad con sus creencias (católicos, islamistas, protestantes, republicanos, monárquicos...) o incluso los hay que confunden sus preferencias sexuales con su identidad (gay, heterosexual...). También es habitual confundir la profesión, la forma como me gano la vida, con la identidad, así tenemos médicos, abogados, arquitectos, militares, profesores, policías, políticos...
En un nivel más cercano, confundimos la ropa que llevamos con nuestra identidad, así muchas tribus urbanas se visten cual uniforme de colegio, para dejar patente su identidad. También las posesiones: ¡qué sería de mucha gente de dinero si no pudieran tener ese Range Rover o esa casa en la Moraleja!
El género, en un nivel más profundo, es también una forma de condicionar la identidad, ser hombre o mujer también nos condiciona las respuestas que podemos dar. Alinearse como hombre o mujer vuelve de nuevo a confundir la identidad con las creencias.
Los juicios y creencias son excluyentes, alejan a los que no piensan como tú y condicionan las respuestas que puedes dar a los retos del entorno. Así nos encontramos a familias partidas en dos por diferencias ideológicas; la identificación con ciertas creencias es tan profunda que lleva a excluir al otro e incluso a odiarle.
De esta forma, si me identifico con algo, rechazo al contrario. Por ejemplo, si soy Donald Trump, me considero élite, y entonces los inmigrantes, islamistas, mexicanos y demás son basura. Si soy rico, los pobres son un accidente de la evolución, si soy catalán nacionalista, los españoles están aún en la dictadura y soy mejor que ellos, si soy alemán, los países del Sur de Europa son un desastre..., la lista es interminable.
La solución en todos los casos es la misma: desapego. Hay personas con muchas cosas:  casas, ropa, coches, barcos, relaciones, cuentas en bancos, conocimientos, ideas...; luego tenemos a los políticos con muchos cargos, poder, influencia..., altos directivos... Vivir con apego a las posesiones, a los cargos, a los trabajos que hacemos, a los conocimientos que atesoramos, a las personas que nos rodean, al lugar donde vivo, a un posicionamiento en la sociedad no da la felicidad, al contrario, nos la impide.
Así se entiende mejor la cita de Mateo. Rico es aquél que se identifica con lo que tiene, ya sean creencias, conocimientos, posesiones o personas, y que lo usa para ganar importancia personal. Así pues, son personas al servicio de su importancia personal y no al servicio de sí mismos, hay una diferencia.

Aunque cite a Mateo, no excluyo de aquí los religiosos, funcionarios de su particular iglesia, de su particular ideología, casados con unas creencias en ocasiones viejas y obsoletas que adoran como si fueran ese dios que buscan tan afanosamente.

Recuerda, en tu siguiente discusión por ideas, no te apegues a ellas, son sólo puntos de vista, marcas en el Camino que con el tiempo quedan atrás.

Y otra vez os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios (Mateo 19:24)



miércoles, 21 de febrero de 2018

La tercera llave, la determinación.



Muchas veces nos ocurre que hemos de hacer algo y no lo hacemos. Nos quedamos frustrados, indolentes, pensando en lo que no fue y pudo ser.  Siempre nos queda la frase "y si hubiera hecho esto, qué habría pasado?

lunes, 19 de febrero de 2018

La realidad no se puede planificar


Los logros de la humanidad no han sido consecuencia de una planificación meticulosa, al contrario, más bien consecuencia de accidentes, una singularidad, una sincronicidad.  Mirando al pasado, los grandes líderes de la historia, nunca han planificado. Jesucristo no planificaba, Buda, Zoroastro, Mahoma, Mozart o Beethoven  tampoco. La Revolución Francesa o la caída del Muro tampoco fueron planificadas.


miércoles, 3 de enero de 2018

La segunda llave, la iniciativa

Iniciativa viene del latín medieval, en donde iniciativus es todo aquello capaz de promover o mover el inicio de las cosas, los procesos, las causas, las argumentaciones y la vida.
La Iniciativa es aquello que da principio a algo. También se entiende como cualidad personal, en donde la persona toma la iniciativa, adelantándose a otros en el obrar, que en el contexto actual, sería asumir el liderazgo.

lunes, 1 de enero de 2018

La primera llave, la confianza


La raíz "fi" de la palabra confianza proviene del latín fides que llegó a tener una diosa, Fides, hija de Saturno y Virtus, que tenía que ver con la fe, la confianza y la lealtad entre hombres y dioses.
En este contexto, la confianza tiene que ver con la vida, con la aceptación de las cosas como son. En una visión sistémica, hay una inteligencia de campo que engloba todas las cosas, confiar en esa inteligencia y sentirnos un hijo de ella es parte de la vida, como el pez que asume que está nadando en el agua.