martes, 23 de junio de 2015

De la emoción a la Actitud

Pasar de la emoción a la actitud supone gestionar adecuadamente las emociones. Normalmente, las personas repetimos una y otra vez los mismos patrones emocionales que nos acompañan desde la infancia. Así el niño que ha sido muy quejica y muy llorón en su infancia normalmente arrastra ese patrón a la edad adulta, o la niñita de papá que se acostumbró a manipular a su papá luego manipulará a los hombres que conozca; hay muchos patrones y un líder ha de conocer el suyo para poder generar alternativas y opciones útiles para él y para las personas de su entorno; de otra forma, su respuesta será automática y posiblemente poco efectiva.


Así, las personas tenemos en general emociones automáticas que nos han acompañado desde la infancia y que surgen en situaciones repetitivas; librarse de ellas precisa de un proceso de análisis y autodescubrimiento. El modelo del Eneagrama, indaga en este campo, y establece que el ser humano sufre de 9 pasiones o emociones básicas que constituyen su “pecado”. Este pecado no tiene mucho que ver con el mundo de la religión y es más bien un “errar la flecha”, un hacer lo incorrecto, no responder de la forma que la situación demanda y hacerlo de forma compulsiva, que al ser inconsciente, difícilmente encaja con la emoción o actitud que la situación requiere.
Así propongo pasar de lo que llamo emociones reactivas a emociones proactivas, significa moverse hacia lo que queremos conseguir en lugar de huir de una situación indeseada. Para un líder, es más coherente moverse hacia las cosas que moverse huyendo de las situaciones. Cuando huimos de ciertas situaciones, obviamos la sabiduría que se encuentra en esa situación concreta para nosotros, y evitamos la dirección de trabajo que supone atravesar esa situación y llegar al otro lado. Además, las emociones tienen una finalidad y es preparar al cuerpo ante una situación determinada de la que probablemente tengamos que tomar una acción.
 Cambiar consiste, en primer lugar, en aceptar con franqueza los sentimientos. El aceptar con franqueza los sentimientos es esencial para establecer contacto. A esta condición de ser franco con los sentimientos la denomino coherencia”. V. Satir, 1994

En todo caso, para aceptar con franqueza estos sentimientos, el líder ha de integrar su sombra. La sombra es un concepto del que ya habló Jung que representa el conjunto de comportamientos, procesos y competencias que están aparcadas dentro de algún armario de la psique porque no encajan en nuestra idea de nosotros mismos. Cuando el niño va desarrollando su carácter, hay elementos que son reprimidos y se van acumulando en cajas que en ocasiones se cierran con muchas llaves. Sacar del armario estas competencias y comportamientos y ponerlos en valor supone adquirir poder personal y convertirse de forma coherente.

El siguiente paso es asumir la actitud correcta que la situación requiere. En mi libro “El coach como chamán mencionaba una matriz de actitudes generativas, que he actualizado y que recuerdo aquí:Transitar de la emoción a la actitud es una herramienta que implica un cierto conocimiento de los patrones y comportamientos propios, también supone amarse a uno mismo para poder de esta forma trascender los condicionamientos de la infancia y transitar de forma proactiva a una actitud que sea relevante y útil en relación a la situación que nos ha tocado vivir.


Yo instintivo
Yo mental
Yo emocional
Ser
Parte corporal
Centrado, abierto  y sosteniendo lo que va ocurriendo.
Sobriedad, atención
Interior y exterior.
Ecuanimidad, aceptación ante lo que la vida nos pone sin discriminar.
Gratitud a la vida por estar vivo.
Parte mental
Aceptación y
consciencia ante la vida, sentirse vivo.
Desapego de las cosas y personas.
Autenticidad, fluidez.
Mostrarme como soy.
Devoción ante lo sagrado de la existencia.
Parte emocional
Conectado conmigo mismo y con el otro.
Valentía ante el campo o atmósfera creada.
Humildad. No hacerme pequeño ni grande.
Compasión a mí mismo y a todos los seres.

 



Con este mapa de actitudes, el  líder puede encontrar la respuesta más adecuada ante un reto específico. Una emoción puede ser respondida de forma proactiva con una actitud: determinar qué actitud elegir depende de la intención que tenga el líder y de su instinto.

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