martes, 23 de septiembre de 2014

Nuestra identidad, qué es y qué significa. Aplicación al Coaching Integrativo y Sistémico (CISys). 2ª parte

Es claro que si etiquetamos a una persona –y hay herramientas muy poderosas para lograrlo - estamos trabajando con una expectativa de esa persona y no con su potencial. Así es habitual en el mundo del Coaching ejecutivo usar herramientas de diagnóstico caracterológico, ya sea el MBTI, FIRO 16PF o similar. En ocasiones, el coach se encuentra con un Assesment o evaluación del desempeño de un cliente o bien un proceso 360º.


Es complicado convertir comportamientos en números. Es una de los grandes objetivos de muchos psicólogos conductuales, acotar el comportamiento de las personas y definirlos en una escala competencial de mejor a peor. Así pues, el coach ya sabe qué hacer, incidir en los comportamientos menos valorados y olvidarse de los más efectivos pero esto no funciona así exactamente.

La labor de un coach es trabajar con el potencial de su cliente y no con una etiqueta de él. Si solo nos centramos en ciertos comportamientos aislados que hay que mejorar ni estamos contemplando al individuo en su totalidad, ni en la conexión con su sistema ni tampoco estamos considerando las necesidades de su entorno.

Así pues, una herramienta le sirve al coach ejecutivo como una guía, como una forma de organizar la información, nunca como una Biblia que haya que seguir, la Biblia, en este caso, es la actitud del coach y el trabajo personal que lleve consigo.

Un coach también ha de tener claro que él mismo no es una etiqueta; identificarse con unas competencias específicas, alinearse con unos valores y creencias fijas, convertir nuestra imagen de marca en un rol y casarse con nuestro posicionamiento en el mercado, como coach, sirve para empezar en este negocio, pero no te permite evolucionar y crecer en él en este viaje a las profundidades del alma que es el Camino del Héroe.




Trabajar en el Coaching generativo es mucho más que eso. El lenguaje, tan importante es un Coaching de primera generación, deja paso a lo fenomenológico y las competencias a las potencialidades. Este Coaching de segunda generación supone un enfoque distinto que, de nuevo, se enfoca en el aprendizaje, la intención, la actitud y el potencial de las personas y que no tiene mucho que ver con mapas competenciales, creencias prefabricadas y roles.

De esta forma, el coach es capaz de moverse en ambientes complejos teniendo la certeza de estar bien anclado en la conexión con su Ser. 



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