martes, 10 de abril de 2012

De chamanes, brujos y similar


“Las verdades contenidas en las doctrinas religiosas aparecen tan deformadas y tan sistemáticamente disfrazadas – escribe Sigmund Freud – que la inmensa mayoría de los hombres no puede reconocerlas como tales…, La finalidad de este libro es descubrir algunas verdades que han estado escondidas bajo las figuras de la religión y de la mitología…”


Así empieza Joseph Campbell el Prólogo de su libro “El héroe de las mil caras”, escrito en 1949. Leo en la contraportada:
El autor indica la posibilidad de que estos sistemas simbólicos representen creaciones naturales de la mente humana – de ahí su difusión – y señala que la situación perturbada de la sociedad occidental en los últimos tiempos bien pudiera deberse al descrédito progresivo en que han caído las mitologías y a la racionalización sufridas por ellas, con lo cual las imágenes simbólicas se refugian en su lugar de origen –el inconsciente – y el individuo aislado ha de enfrentarse a los dilemas que en un tiempo resolvían satisfactoriamente los sistemas mitológicos colectivos”.
La influencia de Campbell en el mundo moderno es impagable. Toda una generación se ha visto influenciada por sus ideas, desde George Lucas con su “Star Wars” a  Robert Dilts, desde el terapeuta o el escritor más anónimo al más conocido. Si bien es cierto que las ideas de Campbell no han sido un vaso de agua en el desierto, ya que hemos disfrutado de contemporáneos suyos que han incidido en ideas similares (Mircea Eliade por ejemplo), su labor, y este libro en particular, han marcado un antes y un después en la comprensión de los mitos y el inconsciente.
El libro de Campbell está estructurado como un Camino del Héroe que pasa por ciertas fases, la partida, la iniciación, la apoteosis y el regreso, que  son componentes esenciales de la aventura del héroe y se identifican una y otra vez en leyendastradiciones y rituales de todos los pueblos del mundo: en los mitos griegos, en las leyendas africanas, en las tradiciones de los aborígenes americanos y asiáticos, en los cuentos de hadas y en ciertos símbolos de las grandes religiones actuales. Un proceso de coaching es, en alguna medida, un Camino del Héroe.
Además, toda una nueva generación de películas copian los arquetipos y los explotan, muchos de ellas para permitir una doble lectura adulto – niños/adolescentes como  Kung Fu Panda, Furia de Titanes, El Capitán Trueno, Arthur, The last Airbender y Avatar por citar solo algunas. Ya para terminar, otro mito muy explotado ha sido el del Rey Arturo, arquetipo del Camino del Héroe y de viaje iniciático, como también lo es el Quijote que de nuevo ha influido en toda la literatura posterior.
Algunos ejemplos actuales de aquí y de allá: la virgen católica lejos de ser un símbolo cristiano, representa un mito ancestral: la madre; la mayoría de los pueblos indígenas fueron seducidos por esta imagen, que les resultaba especialmente cercana y que los cristianos supieron aprovechar. Las similitudes entre Dionisio y Jesucristo son evidentes, ambos resucitan después de ser asesinados y fueron engendrados por una virgen. Apropiarse de símbolos arquetípicos y hacerlos propios es un pecado propio de religiones patriarcales; no hace falta ser católico para entrar en un templo y “adorar” a la virgen o al Cristo en la cruz; de hecho, es algo que recomiendo; el respeto a los símbolos ancestrales es algo que nos conecta con la vida, ignorarlos y/o despreciarlos es despreciar nuestra propia naturaleza y aún más, despreciar nuestra espiritualidad.
La proliferación de brujos y chamanes y los trabajos que van aflorando de psicomagia, de vinculación con lo sagrado tienen que ver con esta parte del inconsciente. Es cierto que hay mucho charlatán que se aprovecha de estos mitos y creencias para ganarse la vida pero esto no descalifica el modelo arquetípico de los mitos y del Camino del Héroe.
Recientemente estuve en contacto con ciertos aborígenes americanos y desde luego tienen muy presente esta conexión con lo arquetípico, con algo más grande que nos trasciende y ante lo que hemos de bajar la cabeza. Recuperar estos valores en momentos de incertidumbre en donde la llamada economía de mercado ya no nos da respuestas es una buena alternativa.
Recuerdo hace un tiempo, con la salida al mercado de mi libro “El coach como chamán”, que recibí algunas críticas ácidas de personas que se sentían ofendidas con esta etiqueta; les parecía que el término pertenecía más a tribus indígenas que a su ideal de coach ejecutivo certificado y civilizado.
En el coaching, en la terapia y en cualquier disciplina que tenga que ver con gestionar personas (incluso las campañas de marketing), están muy presentes los arquetipos. Recuperarlos, gestionarlos y respetarlos es una labor que el coach avezado ha de saber tratar.

Antonio Diaz Deus



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